Cooperativismo: una salida al "crack"




Por: Ángel Largo M.

Sin ser brujos ni adivinos, los asambleístas se adelantaron con un acierto inquietante al crack financiero del norte, que muestra un oscuro panorama al capitalismo mundial. Pese a que el cambio del modelo económico en el proyecto de Constitución, pasa de la vigente “economía social de mercado” a la “economía social y solidaria”, puso “trompudos” a la mayoría de los analistas monetaristas neoliberales, fue una jugada precisa, ya les explico el porqué:

Para los defensores del libre mercado, este es independiente, todopoderoso y autosuficiente. Basado en modelo economicista, que busca el crecimiento económico de los países desde una perspectiva “macro”, el mercado se autorregula a través de única y exclusivamente la ley de oferta y demanda, sin la intervención del Estado, que funciona como mero espectador.

Bajo esta estructura se estructura la ideología neoliberal, que propone acciones como: privatizaciones o concesiones, reducción al mínimo del Estado, concentración y monopolización de bienes y recursos, eliminación o reducción del estado de bienestar, entro otras maravillas de la globalización imperante. En pocas palabras, un paraíso para los dueños del capital, que pasarían a regir los destinos de la sociedad ecuatoriana.

Sin embargo, ante una fuerte crisis mundial como la quiebra de tres de los cinco bancos más fuertes de EE.UU., producido en gran parte por la caída de inversiones en el mercado inmobiliario, los agentes neoliberales utilizan al gran colchón del mercado, los aparatos estatales y detienen la avalancha, pero solo por un momento. El crack no ha tocado fondo frente a un proceso de expansión del capitalismo salvaje que no se ha detenido y que a la medida en que siga creciendo a escala mundial, absorbiendo por completo economías “tercermundistas” traerá mayores catástrofes económicas difíciles de imaginar.

Para evitar entonces que la aplicación teórica del concepto libre mercado se capitalice en toda su extensión, es saludable la visión del proyecto Constitucional. Me baso en lo siguiente: el economista chileno Manfred Max-Neef, en su libro Desarrollo a Escala Humana (2001) estableció que “el principio básico del desarrollo social con sentido humano se refiere a un desarrollo que priorice a las personas y no a los objetos de producción”.

En ese sentido, Max-Neef se niega a tomar como indicadores del desarrollo de los pueblos las estadísticas macroeconómicas como el PIB, sino en la comprobación real de la satisfacción progresiva de las necesidades básicas del ser humano. ¿Cómo hacerlo? difícil pero no imposible.

Existe una alternativa que por siglos se ha mantenido equilibrada y ecuánime ante las tendencias ideológicas y pragmatismos políticos: el cooperativismo. Dentro del capitalismo, es considerado paradigma de real economía social, y para el socialismo, un método para alcanzar el desarrollo del mismo.

La apertura que la nueva Constitución permite a las formas de producción, organización y propiedad cooperativa, (véanse los artículos 283, 319 y 312), garantiza la asociación autónoma de personas que se unen voluntariamente para satisfacer necesidades y aspiraciones micro-económicas, además de empoderar al ciudadano común sobre la realidad de su entorno, y su responsabilidad como actor principal del desarrollo del bienestar de su familias, barrio y comunidad.

¿Qué más libertad que esta quieren señores? Libertad para crecer solo o en compañía. En ese sentido, la economía solidaria se muestra como el camino para ampliar las oportunidades del hombre a perfeccionar su humanidad, a ser más feliz y ayudar a otros a serlo. Pero su aplicación no debe quedar a la deriva. De ganar el SI, es responsabilidad del Estado, como representante del poder democrático del pueblo, regular, controlar y masificar la teoría cooperativista.

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