¡Dios salve a los extranjeros!



Sin saber el drástico cambio socio-tele-redesocial que tomaría el tema de la inseguridad en Guayaquil en la última semana por el lamentable caso del pequeño Barcos, me aventuré hace algunos días presentar en esta bitácora un visión muy subjetiva, de esas que me gustan, sobre qué camino no agarrar para acabar con el miedo en las calles. Hoy que el panorama pinta diferente y ha sumado un sinnúmero de actores, vale la pena más bien simplificar las acciones que se están haciendo y discutir algunas que para mi sentir están seriamente desdibujadas, tanto así que se han convertido en premisas a resolver ipso facto cuando a duras penas se tienen datos certeros de su aportación o no a la ola de violencia.

Nebot se puso receloso de participar en un nuevo operativo anti delincuencial y a manera de crédito bancario, mostró su lista de requisitos para aceptar la solicitud. Entre ellas dos son las más sonadas: el tema de la visa para extranjeros y el cambio de la ley que libera a los presos sin sentencia. El alcalde “más ciudad” tiene todo el derecho, con justa razón, de imponer algunas reglas o cartas de juego luego que su plan original de la Corporación Ciudadana para la Seguridad sea desbaratado por un Gobierno en ese tiempo ciego y sordo a la realidad de la urbe. Sin embargo, eso tampoco significa que una segunda chance para la fusión Estado-Municipio contra la violencia debe entramparse en apreciaciones que no pasan de meros supuestos.

Preguntas sueltas ¿Hay estadísticas reales que los extranjeros son la mitad mas uno de los culpables de los delitos en la ciudad? ¿Hay cifras ciertas de que los reos saliendo de la cárcel, luego de su pena completa, no vuelven a delinquir? ¿Hay algún estudio sobre las circunstancias socioeconómicas comunes entre los delincuentes? Amigo lector, en serio le digo, ayúdeme a responderlas, porque sino terminaré creyendo que hay mucho de mito urbano en el tema de la inseguridad y sus “soluciones” inmediatas.

Tratemos para no alargar mucho el cuento, la primera conjetura. Sin negar posibles indicios de responsabilidad, el acusar directamente a los extranjeros que residen en Guayaquil suena a un lavado de manos, o romper la soga por el lado más estrecho. ¿Alguien se ha puesto a pensar que siente el turista q lee, ve o escucha eso en la prensa? de cómo los tildamos, como se convierten en sospechosos número uno. ¿Quién de ustedes tiene vecinos, amigos, compañeros de trabajo o clases que viene de otro país y ahora pueden ser mirado con desprecio, incluso con terror?

Vamos un poco más allá. ¿Se ha beneficiado usted, amable lector, del viajar a países de la UNASUR sin visa? ¿Sabe de las ventajas económicas, turísticas y de movimiento de flujo de dinero que genera eso? ¿Ha imaginado las consecuencias que puede acarrear que Ecuador sea el único en la región que se niegue al tráfico libre de personas? Un país donde sus electores (nosotros) en mayoría escogieron un Gobierno que ha trabajado en enlazar de manera más pragmática a las naciones de Sudamérica, no puede ahora de buenas primeras, retroceder en un aspecto de esta naturaleza.

¿Hay segundas opciones?, claro que las hay. No todo tiene que ser blanco y negro como muchos creen (este comentario no representa ninguna alusión a la cita política de ayer). Por ejemplo, 1) Pedir record policial, antecedentes penales o cualquier documento que certifique su pasado con la justicia en su país de origen 2) Seguimiento de las actividades realizadas en el país por parte de migración luego de cada dos meses de estadía 3) Un registro real de las personas extranjeras q están actualmente en el país y su modus vivendi, entre otras ideas.

Lo importante aquí es sentarse a conversar. Hay múltiples salidas al problema a corto plazo (en la entrega anterior recalqué las de mediano y largo alcance). No podemos detener por revanchismos, resentimientos o pesos políticos una acción que la ciudadanía necesita y presiona a viva voz. Ya el Gobierno tuvo la valentía de aceptar, entredientes, que se equivocó a la primera y dio el primer paso, ahora a Nebot le toca ser más flexible por el bien de la ciudad a la cual representa.