He vivido lo que he sentido (despedida a la década)

Ante la sombra que se oculta en la pared, su reflejo se esconde temeroso.

Han pasado diez años, y no reconoce ni su propio ser. Se ha transformado en una serie de preguntas sin respuestas, de caminos empinados, de martirios invocados. Yace infecundo en la esquina de la pieza. Dolido, absolutamente confuso, rodeado de innumerables sentimientos que cayeron a la alfombra y le da pereza recoger.

No creía que terminara así, como tampoco que comenzaría alguna vez. Al principio fue inconstante, e imprudente. Las ganas rebosaban del alma sudorosa, dispuesta a gritar, a enloquecer, a ser lo que una vez soñó o imagino. ¡Y casi lo logra! caminó en la cornisa de la lujuria, de lo impoluto y abstracto, pero detuvo su marcha de golpe ante el atisbo de la ignorancia. No se puede ser lo que no se conoce, lo que no se espera, lo que no se crea.

Fueron instantes de infierno. De chillidos incansables que destrozaban el tímpano de sus ilusiones. Pálido hasta traslucir, se revolcaba furiosa entre las sábanas de la pobreza de espíritu, de certeza. Muchos creyeron que moriría, muchos pensaron que no resistiría, hasta ella misma sintió que acabaría en un suspiro lo que creyó que sería su esperanza, amuleto y osadía.

Pero fue necia con el destino y altiva con la desdicha…

La fiebre aventurera en su cuerpo se descoló súbitamente. Ríos de pecado se destilan entre sus manos y ahí, ante la almohada aun roja de los lamentos, se jura amor eterno y resplandor ante lo incierto. Ya lo peor ha pasado y su esencia ha triunfado, no hubo muerte de un destajo, ni café en la madrugada, solo rosas en la ventana y los olores de una mañana que se muestra cálida y complaciente. Un nuevo día, como dicen algunos.

Ya no hay cadenas que detengan su marcha, ya no hay presagios que trituren su camino. Ha decidido creer que la solución para su risa es entender que no ha sufrido, ni ha llorado, ni ha querido ni ha matado, que no ha herido ni mutilado, que no creado ningún hechizo, que no es lo mismo que creyó haber sido, y tan solo ha vivido, ha vivido como ha sentido.

Y escoge ahora ser más de sí mismo, sin conjeturas ni peros. Sin esperar ser menos que lo que una vez creyó haber sido. Ya no esconde su reflejo y juguetea con su sombra, recuerdo constante de sus ayeres y deshonras. ¿Ya para que llorar? Se dice asombrada, luego de descubrir cuanto ha invertido en reciclar el pasado. Ya lo que fue, ya no es, y vive ahora de su presente, de lo que viene, de lo que será…

Esta es mi década, que se despide y recibe ansiosa, lo que tenga que ser… y mucha más

Feliz 2011