La idea es sumar, no restar

0 comentarios febrero 09, 2010


Para el proceso de reproducción e información de las opiniones sociales hay una máxima que me parece trascendental: La verdad es la suma de muchas verdades. Independiente siempre de la ideología, apego o cultura del individuo, la base del criterio colectivo no puede ni debe obviar jamás ninguna aportación por mas inverosímil que parezca.

Contraria a esta aproximación teórica, están los medios de comunicación privados. Ubicar en el imaginario social el concepto de que la versión parcial de la realidad que publican es un irrefutable ejercicio de opinión pública distorsiona de por si la visión objetiva que el ciudadano tiene de si mismo. El animal social no existe sin la replicación de su semejante y viceversa, en una retroalimentación que los mass media utilizan de forma casi nula. Es la opinión publicada la que manda, una dimensión ficticia de lo real.

Justamente, para contrarrestar esa ilusión colectiva es que surgen los medios públicos. La elaboración de informativos con fondos nacionales intenta hacer aplicable el concepto inicial de la suma de verdades, En el país, la aparición de medios estatales sugirió el retorno a la premisa universal del manejo público de la información, cuya meta es la participación activa del ciudadano en la elaboración, crítica y análisis de la noticia, sin encasillar la información en el mero acto de la reproducción de los hechos, sino llevándolo a niveles de debates conceptuales, discusiones en foros públicos, y respuestas a los problemas desde lo cotidiano. El ciudadano-reportero es el objetivo.

Sin embargo, la decisión del Ejecutivo de utilizar parte de la maquinaria del Telégrafo para armar un periódico de corte popular pro Gobierno, retorna la propuesta a la sobrevalorada opinión publicada. Igual que los medios privados, se busca que los lectores asuman subjetivizaciones de hechos concretos como verdades comprobadas y aprobadas por el colectivo, sin comprender que más allá de una porción calculada de la realidad no es, y por lo contrario, sugiere posiciones particulares que someten el designio mayoritario a la verdad de unos pocos.

Empresarios o gobierno, la entelequia es inevitable, y la distorsión de lo que intenta reproducir un medio público irremediable. La suma de verdades se divide nuevamente dejando al consumidor de la información en la necesidad de alimentarse de cada una, para saborear tan solo retazos del hecho real. Es restar espacio a la propuesta inicial. Si ya de por si la utopía de una efectiva opinión pública entendida como el conjunto de un todo era ya una epopeya, la intromisión del Ejecutivo en la labor periodística del diario público podría empantanar lo ya recorrido.

¿Hay necesidad de mezclar lo uno con lo otro? No lo creo. El espacio informativo del Gobierno es parte de la verdad y debe ser respetada, así como la esfera privada tiene su nicho. Aquí lo único contraproducente es restar cancha al desarrollo del periodismo ciudadano, el cual se diluye entre la torcida de los dos bandos, y puede fracasar en el intento de reconstruir la verdad colectiva. La de todos, o por lo menos, la gran mayorí.a
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Porque así somos

9 comentarios febrero 02, 2010
Una nueva marcha se cocina en Guayaquil. Como ya es casi costumbre, los madera de guerrero saldremos a las calles para defender una vez más nuestro derecho a ser únicos, diferentes, autónomos, independientes, y especiales.

Únicos, porque somos la única ciudad donde la voluntad de un hombre se asume como verdad irrestricta e irrefutable. Jaime Nebot no solo es el alcalde de la ciudad, es la voz de la ciudad. Cualquier murmullo fuera de de sus canales es desautorizada y tildada de anti-guayaquileño. Así como el presidente tiene a sus ex amigos que lo apuñalan por la espalda, así también el alcalde desgreña a cualquiera que ose tener una idea distinta de lo que el imagina por Guayaquil.

Diferentes, porque nos enseñaron a vernos así. Con mucha identidad guayaca pero poca visión de país, salvo en los partidos de la selección. Azul y celeste, Barcelona y Emelec, el 9 de octubre, el arroz con menestra, son insignias del orgullo de un pueblo aguerrido. El cual, sin embargo, pareciera que vive atado y anclado a repercusiones de tierras ajenas. Desde la Colonia, nos impusieron la tricolor, la batalla de Pichincha, la Liga y el cuy asado.

Autónomos, porque se escucha bonito, aunque no entendemos de que se trata. La autonomía al andar que prometió Nebot parece que se perdió en el camino. Lo que vivimos en la urbe es una auto- no – mía. No hay espacios para reclamar, ni para criticar, ni para participar. Seguimos dependiendo no solo del estado, sino de la última y única voz (véase párrafo 2) y mientras las cosas siguen así, trasgredimos directamente el significado de la palabra que receta el diccionario.

Independientes, porque el eslogan del escudo así lo dice. Nada más. Guayaquil fue, es y parece que seguirá, siendo dependiente de los socialcristianos. Una ciudad que es regida tantos años por los dictámenes de un solo partido político o ideología, va perdiendo sus espacios demócratas lentamente. Ya los cupos para la charla son escasos, sino te sometes a los designios preestablecidos te pegan un trompón, o sino pregúntele a Villacreses. ¿Queremos un reflejo de Correa en el poder por 20 años? Miremos el espejo de nuestro concejo municipal.

Especiales, porque no hay otro calificativo. ¿Quién nos ha dicho que somos o merecemos más que el resto? ¿Acaso nuestro status u orgullo nos impide ver más allá de la lógica colectiva y solidaridad? Los recursos destinados para Guayaquil son y siempre han sido justos, pero por la pantomima política, ahora nos están robando.

La redistribución de fondos para cantones pobres y excluidos ha desatado la furia huancavilca nuevamente. Y tiene sentido, porque si nos vendieron la idea de que somos únicos, diferentes, autónomos, independientes y especiales, para qué vamos a estar solucionando problemas ajenos. Es maximizar los sentimientos yoístas y vacilar ante la propuesta comunitaria. Así fuimos criados, así entendemos el mundo.

Este 11 de febrero, antes de salir a marchar, recoge tu bandera y amarra tu cintillo. Pero te recomiendo algo adicional. Revisa tus creencias. No permitamos que la ilusión de superioridad nuble nuestra mente y corazón. Iniciemos por casa y comparemos lo que nos dicen a lo que hace. Talvez pedir una respuesta de cómo se gasta el dinero que reclamamos, puede ser un punto de partida.
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Nacionalismo out

2 comentarios enero 14, 2010
Sumado el tercer año de la “Revolución Ciudadana”, la crítica de la oposición y medios de comunicación (o sea, la misma cosa) se centra en la obra vial prometida e incompleta, el supuesto ataque a las libertades de expresión y a unas fallidas políticas económicas.

Lejos de ser cierto o no lo que detalla la prensa, el análisis de los 1095 días de Gobierno sí presenta un panorama desalentador, pero no tanto desde la óptica de resultados concretos, sino de los conceptos geopolíticos que encapsulan a la revolución. Dicho de otra forma, en tiempos de globalización absoluta, irremediablemente los procesos nacionalistas tienden a desaparecer rápidamente, ya que no replican los intereses trasnacionales que manejan la economía mundial.

Es un error conceptual grave de la llamada nueva izquierda que lidera este proceso político seguir imaginando un cambio global hacia el socialismo desde la experiencia interna de un país. Es ilógico creer que un sistema capitalista imperante en las transacciones económicas, sociales y culturales del planeta entero reducirán su expresión por la aparición de procesos discordantes, los cuales en principio puede hacer roncha, pero terminan aislados por la manipulación de los intereses de las grandes corporaciones, verdaderos amos financieros del mundo y sin límites geográficos como trabas.

En ese contexto, ni la URSS, ni China, ni Cuba, como tampoco Venezuela, han logrado abarcar su programa político más allá de sus fronteras, quedando aislados por un bloqueo económico que funcione a modo de chantaje y que genera paulatinamente, descontento en las mismas filas revolucionarias. Lo mismo está pasando en Ecuador, embaucado ahora con la “fuga de inversiones” que lo mantiene anclado en los rezagos aún de una crisis económica de más de una década.

¿Es funcional seguir creyendo que un sistema global puede ser derrocado con un proyecto nacionalista? La izquierda en cada rincón del mundo debe preguntarse eso cada día, para ver si asumen un nuevo paradigma de revolución. Los procesos integradores son necesarios y urgentes, pero hasta ahora no tienen el carácter de serios. El ALBA, UNASUR y el Banco del Sur no tienen peso político ni económico para ser tomados en cuenta por la comunidad mundial, lo que reduce su existencia a formalismos burocráticos.

A tres años de un proyecto nacionalista condenado al fracaso, no por su resultados inmediatistas sino por su ubicación ideológica, es necesario replantear criterios en base a teorías comprobadas. La evolución de la geopolítica planetaria es irreversible y debe ser tomada como punto de partida. Así como fueron los imperios monárquicos, ciudades-estado, y los estados feudales, de igual forma los estados-nación tienen fecha de expiración, y ese momento debe agarrarnos preparados.

Es momento de que el Gobierno sea protagonista de un nuevo orden mundial, de una democracia planetaria. Abrir las fronteras para consolidar espacios de decisión amplia y sin banderas, es hablar de una verdadera revolución, anti capitalista, anti corporativista y anti nacionalista. La izquierda nueva debe configurar no un proyecto político de poca duración, sino un modelo como parte de un todo, si quiere sobrevivir en un marco global. Es en determinadas cuentas, regresar a lo planteó Marx hace siglo y medio “Trabajadores del mundo, uníos”. La premisa está hecha.
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2010: Hagamos que funcione

4 comentarios diciembre 29, 2009

Cuando condenamos los cortes eléctricos en todo el país. Es cierto que el Gobierno no fue provisorio y le ha faltado visión, como a otros periodos, para iniciar la búsqueda de otras fuentes de energía, talvez más costosas, pero menos contaminantes y menos sujetas a los cambios climatológicos, como también que los ecuatorianos poco nos esforzamos en el ahorro eléctrico, que más bien, el desperdicio continuo es rutina diaria en cada hogar sin ningún arrepentimiento o culpa.

Cuando juzgamos el trabajo de los informales en las calles. Es cierto que los vendedores ambulantes son el resultado de una economía en crisis y tienen el mismo derecho que cualquier ciudadano a sostenerse con dignidad, como también es verdad que su realización productiva no debe interferir en el desarrollo de las actividades comerciales o cotidianas del resto de ciudadanos.

Cuando sometemos a juicio la acción contra Teleamazonas. Es cierto que Jorge Ortiz y compañía responde los intereses de un solo banquero y su estructura de poder, como también es verdad que la negación a la libertad de expresión a través de la censura es un acto de intolerancia por parte del Presidente.

Cuando pedimos a viva voz más respeto. Es cierto que la independencia para emitir nuestros criterios como periodistas (me incluyo) a través de la prensa es algo indiscutible y baluarte de nuestra ilusión de democracia, como también lo es que los medios de comunicación representan voluntades económicas particulares que subyugan la voz de la ciudadanía a pensamientos subjetivos, trabajo dificultoso para nosotros más aún si seguimos mal pagados (o no, compañeros).

Cuando maldecimos a los países industrializados (G-8) que no llegaron a nada cierto en la Cumbre de Copenhague. Es cierto que como principales nacionales de producción industrial, son los mayores emisores de sustancias tóxicas para la atmósfera del planeta, como también es real que nosotros, los del llamado “subdesarrollo” hacemos poco o nada para impedir la contaminación es nuestros barrios, calles y ciudades.

Cuando le echamos toda la culpa a la Policía por la inseguridad de las calles. Es cierto que la protección y seguridad se ve afectada por la corrupción estructural que tiene la institución y el apoyo insuficiente por parte del estado contra los siempre organizados y mejor armados hampones, como también es real que la delincuencia no se descompone con el castigo. Que es un estado de la sociedad que se genera por falencias estructurales de la misma, como la codicia, miseria, pobreza o falta de oportunidades, y que poco o nada soluciona evitar los efectos, si se las causas se mantienen.

Todos estos acontecimientos, presentes a fines de este año moribundo, son muestras de una visión errada que nos está llevando a una situación crónica. Cada hecho tiene una consecuencia, pero el ser humano insiste en mantener una perspectiva subjetiva de situaciones causa-efecto. Es la eterna ilusión de lo correcto o incorrecto, lo bueno y lo malos, sitios o ubicaciones mentales que, sin darnos cuenta, ubicamos todos nosotros de forma relativa durante toda nuestra vida física.

Para este nuevo ciclo, los invito a cambiar el paradigma. Dejemos de lado construcciones subjetivas y creencias sociológicas que no se adaptan a nuestra realidad actual. Veamos la funcionalidad de las cosas, lo que sirve o no según el modelo de mundo que deseamos para cada uno y para todos. Imaginemos real la utopía de un país de paz, amor y armonía y veamos si estas visiones distintas para un mismo problema han sido válidas.

No podemos seguir coloreando todo o blanco o negro. Lo que funciona es hacer cada uno su parte de lo que le toca, creyendo firmemente que todo en función de si mismo es para los demás. Así y solo así, la ilusión de un mundo de dos bandos habrá terminado, y el nuevo año pinte diferente.
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Regalo de Navidad

0 comentarios diciembre 16, 2009

Cuando se acerca la Navidad, y las carencias económicas destierran el significado místico de la fecha, la insatisfacción colectiva por no pasar las fiestas como el consumismo manda, apunta inmediatamente sus armas al Presidente de turno, aquel que prometió pero no cumplió, y al que solo queda echarle una plegaria de Nochebuena para que enderece el camino, o se vaya. Fruto de los propios desaciertos del Gobierno y la exacerbación de los hechos por parte de la prensa, año a año el eslogan de “Feliz Navidad” carece de sentido, tan solo un lugar común repetido sin cesar por spots publicitarios y niños que no advierten la llegada de un juguete.

Navidad representa para los ecuatorianos la muestra clara que el concepto de un Estado laico y separado de la Iglesia carece de sentido. Así como el Cristianismo, mayoritario en esta tierra, promueve y promulga la llegada del Salvador que libere de nuestras culpas y nos conduzca a la vida eterna, nuestra idiosincrasia política nos ata a figuras mesiánicas, milagreros que con el chascar de dedos solucionen problemas eternos. Bajo esa estructura mental, cada presidente, incluido el actual, fue visto como el elegido y luego reclasificado así a la condición de falso profeta.

La pre concepción del Presidente-Mesías es una muestra clara que el matrimonio Iglesia-Estado es indisoluble. Son conceptos humanos creados como herramientas para conseguir una vida armoniosa, feliz y próspera para todos, pero que al dividirse y subdividirse entre sí, la premisa ulterior de sus orígenes se convirtió en escenas utópicas. Me pregunto ¿ha existido un mejor Gobierno que este? ¿Una estructura política capaza de promover felicidad? ¿Hemos experimentado un sistema de cosas infalible? ¿Nos hace ver como parte de un todo? ¿Nos convence de que hay suficientes para todos?

Sea Derecha, Centro o Izquierda o católicos, protestantes o no cristianos, la insatisfacción colectiva continúa latente, sentimiento que parte de la intolerancia a pensar diferente y degenera finalmente a resultados conocidos de primera plana: violencia, guerra, hambre, odio, soledad…

¿Habrá otra manera de hacer las cosas?

Talvez no, pero si una diferente perspectiva. Volvamos a unir los conceptos originales, Política y Religión, pero desprendamos sus títulos y adjetivizaciones. Así Religión es espiritualidad, el deber ser y Política es el Sistema, el cómo hacer. La Espiritualidad no es otra cosa que la vida misma, la conciencia individual que da paso al crecimiento colectivo. Es mirarse a uno mismo y verse parte de un todo. Si lo entendemos así, será el generador de ideas para lograr vivir de manera armoniosa, feliz y pacífica, que se logra a través de la experiencia, el sistema creado con ese fin, la Política. Esta es la comunión de los conceptos.

Yo los convoco amigos míos a dejar de lado las etiquetas, olvidar el pasado que por siglos no ha funcionado y mirar en el interior de cada uno, en la esencia de cada ser, la llama de la perfección. Vivamos nuestra espiritualidad y hagamos política con amor, de cada uno depende un cambio radical del sistema. Talvez, el regalo de Navidad siempre ha estado ahí, debajo del árbol.
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Instintos primitivos

2 comentarios diciembre 01, 2009
Bill Gates, magnate de las computadoras, presentó hace poco su Windows 7. Una vez más, el hombre más rico del planeta le entregó al mundo una pizca más para exaltar con orgullo la capacidad de innovar y progreso de la raza humana. Como una rueda cíclica que nunca para, el ser humano ensancha su pecho ante la maravilla de la producción científica que queda obsoleta en un abrir y cerrar de párpados, pero que se convierte en una muestra palpable de cuán avanzados estamos en la evolución de especies.

No obstante, toda esta carrera tecnológica a la cual estamos adaptados, increíblemente, pasa desapercibida para las ¾ del planeta. ¿La razón? Simple. Estos beneficios solo estarán al alcance de un minúsculo grupo de privilegiados.

Aquí es cuando usted estimado lector puede cuestiona mi concepto. En el apogeo del desarrollo industrial de nuestra raza, durante la época en que más rápido la sociedad ha alcanzado resultados sorprendentes en el manejo de la materia ¿no todos tienen la oportunidad de aprovecharla? ¿Son creaciones mundiales para grupos focales? ¿Por qué se habla entonces de un planeta que avanza, cuando son contados los que lo hacen?

La culpa está en nuestra premisa de vida. Bajo la sagrada creencia de la supervivencia del más apto, y con la colaboración de la oferta, la demanda y la sobrevalorada competitividad, está maravillosa tecnología solo servirá para los más capaces, los que se esforzaron, los que la sudaron, entiéndase en nuestra época, los que miden su éxito en la diferenciación social y los números en las cuentas del banco.

Y es que para la gran mayoría de humanos los avances científicos pasan desapercibidos, naufragan ante el instinto natural de sobrevivir y la preocupación constante de saber si habrá pan mañana en la mesa. La burbuja tecnológica es más pequeña de lo que se cree ante las carencias básicas que sufren los que tratan de sonreír con dos dólares diarios, en cada ciudad, en cada país, y en todo el mundo.

Mundo que fue concebido con los suficientes nutrientes para que nadie muera de hambre, que entrega sin factura toda la materia prima para nuestra amada tecnología, que proporciona oportunidad para cada ser pero que sin embargo, ha sido esclavizado por el grupo de los aptos, fuertes y competitivos, como una propiedad privada.

Se ha implantado en nuestro cerebro, como virus en el disco duro, que el don de vivir no es suficiente para estar vivo. Se necesita un esfuerzo superior, magnánimo, el deseo del éxito y el poder, para merecer poblar la tierra. Este razonamiento puede expresarse en términos matemáticos: nuestra capacidad de crear es inversamente proporcional a nuestra capacidad de amar. Hace siglos, el hombre olvidó que todos somos uno, y que de la unidad proviene el bienestar común. El esfuerzo de individualizar todo, sigue siendo un instinto muy primitivo de la sociedad.

Si esta realidad es un poco difícil de dirigir para nosotros los tecnoadictos, tengo la buena noticia que el genio de la computación se la planteó hace algún tiempo. Bill Gates, ahora, hace un esfuerzo para que la brecha entre seres de la misma especie sea cada vez menor, pero no es un nuevo software, sino a través de una fundación para los más desfavorecidos, quienes en su vida utilizaron alguno de sus inventos.

¿Será que además de comprar su último producto, imitamos su proceder?
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Respeto

6 comentarios noviembre 19, 2009
El clamor de la prensa autotitulada “independiente” en el país ayer se leyó por todo lo alto. No escatimaron en presentarse con una leyenda a primera página como muestra de su unidad, ahora, y posición inflexible ante la manoseada Ley de Comunicación.

Noticia: ya se aprobó la Ley en la Asamblea.

Pese a que la reacción conjunta fue tardía, nunca antes la prensa nacional mostró tanta preocupación por la ruptura del status quo del cual han vivido a sus anchas. La existencia de una normativa que regula el accionar de los medios privados y públicos se ha convertido en la mayor preocupación del contrapoder, inclinado a encontrar en ella una violación a la libertad de expresión, pero inexpresivos al constatar el apoyo que reciben su principal materia prima, los periodistas.

Por décadas, la profesión del periodista ha sido un diploma carente de emociones en la tinta. Basta ver con que la mitad de los que ejercen la comunicación social en prensa, radio y televisión no pasaron por las facultades, para darnos cuenta de la inexpresiva contundencia de la profesionalización periodística. Cualquier persona, cualquier profesional, está en condiciones de ejercer nuestra carrera, sin preparación previa, tan solo con la capacidad básica del ser humano de comunicarse.

Siendo así, por años me he preguntado que prestigio o herramientas me presta la universidad, si la facultad de comunicar y emitir comunicación es intrínseca en el hombre. Un médico puede escribir, un ingeniero también, un abogado, un economista, el que sea. Pero el periodista, el que ostenta la titulación artificial, jamás podría operar, construir, litigar o hacer presupuestos, sin la debida preparación o licencia.

Entonces, lo único que le queda al periodista es el respeto. Respeto de sus congéneres profesionales a permitirle realizar en lo que se especializaron. La oportunidad de profundizar en los axiomas de la comunicación pública tal como cada quién intenta romper paradigmas en la visión del mundo que escogieron. Eso merece el periodista, y la afamada ley impone que sea así. Ahora todo medio de comunicación debe tener como planta a comunicadores sociales de carrera, con un lapso de 6 años para su instrucción y actualización.

Pero los medios no quieren eso. No pretender guardar respeto ante su fuerza de trabajo. La misma consigna que le piden y exigen al Gobierno central están tratando de coartarla a sus hacedores de información, a quienes buscan, hacen y difunden la noticia. El respeto a defender una labor noble y peligrosa, que merece ser entendida como un espacio de estricto ejercicio profesional, y no como la ventana a cualquier subjetivización. Para eso están los espacios de opinión, los blogs, el Facebook y toda herramienta individual que nos otorga la tecnología para la opinión pública. La individualización de la comunicación es un derecho, pero la capacidad calificada para emitir información en un contexto global, debe ser tarea de la gente preparada en ese sentido.

Sin embargo, esta iniciativa debe estar acompañada de su respaldo inmediato. Los comunicadores populares o indígenas requieren del apoyo de Estado para su profesionalización. Talvez un plazo mayor, pero deben ser tratados de manera independientes a lo que se entiende como medios de comunicación masivos.

La obligación de los medios es exigir respeto y dar respeto. Los periodistas por años hemos clamado por respeto a nuestra profesión. Hay una oportunidad vigente ahora, ojalá y no sea otra fe de errata que nunca se corrige en su lugar de origen.
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20 años de lo mismo

0 comentarios noviembre 10, 2009
Celebrando los 20 años de la caída del Muro de Berlín, me encontré con una serie de reportajes en los medios de comunicación sobre el hecho histórico. Pero me llamo uno la atención en particular porque mostraba una decena de copias de la pared alemana alrededor del mundo, en pleno siglo XXI, y con la globalización extendida por todo el planeta.

Eso es una muestra clara que con la unificación de Alemania el mundo terminó con utopía socialista, mas no con los rencores entre hermanos. La división territorial y las restricciones migratorias se hace cada vez más drásticas, confinando al ser humano a límites jurisdiccionales casi asfixiantes.

¿Por qué nos empeñamos tanto en corregir problemas humanos con procesos políticos? El socialismo real cayó con el muro de Berlín porque nunca formo parte de una consciencia colectiva. Nada impuesto puede ser productivo, y eso demostró la terrible conducción de Stalin con la URSS. La visión limitada del dirigente ruso planteó un nuevo modelo de mundo en base a la tiranía, lo que ocasionó que naturalmente, caiga como ficha de dominó ante la inquebrantable necesidad de libertad del hombre.

Hoy, las cadenas se ubican en el otro extremo. El capitalismo salvaje se almuerza sin misericordia todas las reservas de energía de un planeta casi colapsado. Las ¾ de pobladores de la tierra siguen pujando, luego de milenios, por tan solo vivir dignamente, mientras una pequeña parte disfruta de lo que un principio se creó para que alcanza y sobre para todos.

¿Llegará el momento en que los nuevos muros caigan? Si la solución sigue siendo política, el resultado será una copia del mundo que despertó luego del 9 de noviembre del 1989: igual de inequitativo, igual de contraproducente, camino al fracaso. El planeta aún no se ha dado cuenta que sin el socialismo la cosa marcha igual o peor, el remedio no fue mejor que la “enfermedad”, y las esperanzas de un mundo confinado a desgastarse sin fin parece estar trazado.

La conciencia colectiva elevada para cambiarle el rumbo a nuestra sociedad no se cimienta en ideologías, sino en lo profundo del alma. La revolución constante proviene de la esencia de cada cual, es una decisión personal y nada más. No podemos seguir apostando a una idea preconcebida o a leyes que nos digan hasta cómo respirar. El momento de comenzar a pensar en el todo como unidad es el desafío del tercer milenio.

¿Capitalismo? ¿Comunismo? ¿Socialismo? son solo teorías que sin el sostén de la conciencia del hombre, no han sido productivas. Solo el amor hacia uno mismo y los demás permitirá el avance de una sociedad cada vez más confusa, extraviada, que no comprende porqué sus sistemas políticos no han dado resultados, pese a los esfuerzos a través de miles de años. Detengamos un momento la mano y escuchemos el corazón. Talvez si lo hacemos todos por un minuto, la respuesta para esta Tierra enferma siempre estuvo ahí, en lo profundo de nuestro ser.
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